Hacienda Estatal (Plaza Moyua 3)

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Mamotreto en el más puro estilo de los edificios oficiales de la época franquista. Es de 1943 y obra de Antonio Zobaran Manene

Desde el principio, el edificio estuvo destinado a la sede de la Hacienda Estatal, por lo que se proyectó como un edificio de oficinas. 

La majestuosidad de esta construcción concuerda con el estilo que se empleó en la época franquista en muchos edificios públicos: se recuperaron algunas características de la arquitectura imperial del siglo XVI y del clasicismo. 

De esta manera, en la fachada principal, encontraremos un gran repertorio de decoración clasicista (frontones, ménsulas…) y un balcón para los actos públicos. El resto de las fachadas son más funcionales. (Texto de Euskadi Basque Country)

La Delegación de Hacienda estatal de Bizkaia, en Bilbao, es un ejemplo destacado del estilo nacional. El proyecto lo realizó el arquitecto Antonino Zobaran entre 1942 y 1953. El concepto de este estilo concierne a la arquitectura del régimen franquista en su primera fase, que se prolonga entre 1939 y 1959. Este período se caracterizó por la imposición de una dictadura falangista que marcó unas pautas a seguir en todos los ámbitos: sociales, económicos, artísticos, etc.; en lo que se refiere a la arquitectura en particular propugnó como estilo oficial del régimen, el estilo nacional, que se caracterizó fundamentalmente por la recuperación de la arquitectura imperial española del siglo XVI, y del clasicismo. Esta arquitectura tuvo un escaso eco en Bizkaia con excepción de edificios institucionales como el que nos ocupa, o grupos de vivienda de iniciativa estatal, así por ejemplo los de la Obra Sindical del Hogar. En la arquitectura privada, en cambio, la línea dominante fue la continuación del racionalismo de anteguerra.

El diseño de Zobaran para las fachadas conjuga acertadamente de una parte la monumentalidad enfática exigida por el carácter institucional del edificio y la obligación de seguir el estilo oficial del régimen, y de la otra el responder a las exigencias propias de un edificio de oficinas. Esto se consigue con el tratamiento diferenciado del alzado principal y los laterales.

En la fachada principal, por ser la representativa, se concentran todas las concesiones al estilo oficial, como se evidencia en los siguientes aspectos: la definición de un acceso monumentalizado, la utilización de un repertorio decorativo clasicista (frontones partidos, ménsulas, impostas, etc) y la enfatización del eje principal con la disposición de un balcón para los actos públicos y el remate con el escudo imperial. En cambio, las laterales, por su destino para oficinas, reciben un tratamiento más funcional, en consonancia con el racionalismo local, que se evidencia en el dominio del hueco sobre el macizo. Pero este funcionalismo se envuelve con un clasicismo muy sintetizado, que recuerda a la arquitectura de Speer o Perret para responder a la directriz estilística del edificio. Este clasicismo es resultado de la utilización de un orden de pilastras gigantes. La expresión más acabada del concepto de la arquitectura oficial de la época, la encontramos en la utilización de la piedra de sillería de granito para los muros, por estar este material considerado como un emblema de su credo arquitectónico. En la articulación del espacio interior lo fundamental es la disposición de un hall público de forma circular a modo de un patio de operaciones de un banco. Se organiza con ocho columnas de gusto jónico y se remata con una gran vidriera. A partir de este hall se disponen dos escaleras que dan acceso a las distintas áreas administrativas dispuestas en torno a ese patio. Los interiores son grandiosos y monumentales en consonancia con el carácter público del edificio, efecto que se consigue por el empleo de materiales de gran calidad, la utilización de un repertorio decorativo clasicista y la articulación de espacios jerarquizados y de amplias perspectivas. (Texto: Gorka Pérez de la Peña. de la DFB)

En 2017 acaban las obras para eliminar el aguilucho del escudo por ser anticinstitucional

En 2002 su «alto valor escultórico» la salvó in extremis de una retirada anunciada, aunque ya para entonces había perdido uno de los lemas del franquismo: la leyenda ‘Una, Grande y Libre’, en referencia a la indivisibilidad de España frente a postulados republicanos o nacionalistas. Quince años después, ahora sí, los colectivos que denunciaban que su mantenimiento iba en contra de la Ley de Memoria Histórica celebran la desaparición definitiva del águila preconstitucional que coronaba la fachada principal del edificio de la Agencia Tributaria en la plaza Moyua. Más de cuatro meses de trabajo y 136.500 euros de inversión ha exigido acabar con este símbolo de la dictadura que seguía presente en el centro de Bilbao.

La restauración ha sido tediosa, aunque la mayor parte del ave -la cola, las alas imperiales y en especial su cabeza flanqueada por la cenefa de coronación- se ha podido eliminar sustituyendo los bloques de hormigón que la unían a la fachada. La complicación vino por la necesidad de respetar la corona y el escudo de España, así como las dos columnas de Hércules a las que se aferraban las garras del águila y que también se conservarán. (Texto de El Correo)

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Imágenes de El Correo
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